Searching for Sugar Man: documental

Hace pocos días “Searching for sugar man” ganó el Oscar al mejor documental. Me alegra, sobre todo porque este reconocimiento asegurará su difusión en muchos sitios. La película nos cuenta la inverosímil historia de Sixto Rodriguez, un joven de origen mexicano que se ganaba la vida como obrero de la construcción en Detroit, y que gracias a que un productor lo descubre cantando sus propias canciones en un sucucho de la ciudad, consigue grabar dos discos -Cold fact, 1970 y Coming from Reality, 1971- que fracasan rotundamente en Estados Unidos, pero que (por esos extraños movimientos de la suerte) llegan a Sudáfrica donde se transforman en un éxito sin precedentes (!)Searching for sugar man

Para los sudafricanos, que utilizan una de sus canciones -“I wonder”- como emblema de esperanza y revolución, Rodríguez es un completo misterio. Nada saben de él, sólo especulan con una biografía contada a medias que terminaría con el músico autoinmolado en el escenario.  Y, a su vez, el propio Rodriguez ignora por completo -gracias al cretino director de  su sello- que en las agitadas tierras de Mandela, sus canciones serían coreadas y sus discos comprados por miles de jóvenes y su figura transformada en un mito.

La película, dirigida por el sueco Malik Bendjelloul, reconstruye el recorrido que un fan y un periodista sudafricanos realizan por distintas sendas para conocer la verdad sobre Rodríguez  ¿cómo murió? ¿dónde vivía? ¿quién era? eran las preguntas. En base a los testimonios de quienes conocieron al cantante y de los propios fans, el documental teje una historia cuyo misterio va in crescendo, como si se tratara de una reconstrucción policíaca llena de pistas falsas o fortuitas y acompañada por la música de Rodríguez –¡que, gracias a Spotify, hoy no dejo de escuchar!-.

Las canciones de Rodríguez nos recuerdan a las de Bob Dylan, de Joan Baez, de Víctor Jara; a los poemas de un Jorge Tellier, a los cuentos de Carver.  Sus letras narran historias de gente común y anónima, de la working class de los setenta. De aquellos que, como decía Silvio Rodríguez en su canción “Sin hijo, ni libro, ni árbol”, sus pisadas y sus nombres son borrados por el viento en las largas playas “Los hombres sin historia son la historia”.

Rodríguez estuvo a punto de quedar para siempre en ese olvido, pero no por falta de talento, sino porque los parámetros que permitirían su inclusión en esa historia oficial, que sanciona qué entra y qué no, no eran los apropiados. Uno de los entrevistados afirma que el nulo reconocimiento de sus brillantes discos en Estados Unidos probablemente se debiera a su apellido latino.  O quizás, su exclusión de la fama venía dada porque el mismo Rodríguez decidió mantener un perfil bajo, modesto, alejado del lobby y del autobombo de la industria artística y musical -ya de por sí turbia-.   Y ahí está la parte maravillosa de este film (cuyo desenlace no contaré , porque eso no se hace en las películas detectivescas) Searching for Sugar Man nos ofrece un final feliz que reivindica a un artista que parece actuar desde una nobleza que ya no es moda en estos días.

Valentina Montero Peña, BCN 2013

//
//